viernes, febrero 15, 2008

El museo en la montaña. Miho. Por Japón (11)

Esto de viajar siguiendo los consejos de los más experimentandos y confiando ciegamente en ellos, tiene su encanto. La selección que te hacen los conocidos suele funcionar mejor que la que hacen las guías, cuyo abanico de gustos, generalmente tiende a abarcar mucho más. Me parece curioso que una guía muestre un sitio y gracias a esta recomendación comienza la procesión de turistas, aparecen fotos, comentarios, y entonces el resto de guías se ven obligado a incluirlo, porque claro, es un lugar famoso. Y así, claro, se genera un flujo que siendo bastante interesante, es probable que discrimine muchas joyas, que pasarán a ser descubrimientos valiosísimos de los más avezados exploradores. :)

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En mi caso particular, por ejemplo, se me recomendó desde un principio ignorar (por falta de tiempo) los castillos de Osaka y Nagoya y puestos a elegir, escoger el de Himeji, que es según los que han recorrido la zona, mucho más bonito. De igual manera se me recomendó un museo que no entraría en los top ten de las guías, pero que quizás en su desconocimiento y en la sensación de descubrir algo increible radica su encanto.

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El Miho Museum, diseñado por el chino-americano Ieoh Ming Pei es uno de esos lugares donde la arquitectura eclipsa a la colección. I. M. Pei es uno de esos arquitectos dedicados a revolucionar el arte estructural. Suyos son elementos arquitectónicos como la famosa pirámide de cristal del Louvre, el rascacielos del Banco de China en Hong Kong o la Tour EDF en La Défense (Paris).

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Y es que el Miho Museum está metido EN la montaña. Literalmente se vació la montaña para construir el museo y se volvió a tapar para de esta manera no romper la armonía natural de la zona, que por cierto, es parque natural. :) Da igual que el museo tenga en su haber trozos de la cultura egipcia, griega o mesopotámica, la estrella sin lugar a dudas son, los pasadizos que atraviesan las montañas y dejan al descubierto pequeñas areas que a pesar de lo que pueda parecer dotan al museo de una sensación de amplitud y luminosidad impresionantes.

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Además de todo esto fue una delicia para los sentidos, por el maravilloso enclave, por el color de los árboles, por la ausencia de mundo, por la tranquilidad. Aunque hubiera para quién esto quizás fuera demasiado. :)

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7 comentarios:

oria dijo...

Llevo años leyendo a Kirai y juraría que nunca ha hablado de este sitio. ¡Minipunto para Ignacio!

Me encanta la eternidad de esos túneles.

Rachel dijo...

Impresionante!!!! Y de verdad que este museo no se menciona en las guías?? Bueno, casi mejor, porque sino estría lleno de gente y no se podría disfrutar bien de su encanto....

Pásate por mi blog, que tengo noticias frescas que te interesan!!!

Un besazo, guapo!!!!!

Ignacio dijo...

Rachel, bueno, no sale en las más básicas, es un punto algo desconocido... De hecho hasta que Matoki no me lo dijo, yo ni había oido hablar de él. :(

Oria, pues ni idea de si Kirai habrá hablado de eso, yo le sigo desde hace un año y medio más o menos... así que puede ser que lo comentara antes... o si no, lo hará en algún momento. :)

Ishua Runa dijo...

Siempre vengo por aquí debido a su fotografía particular, y esta vez no ha sido la excepción: la primera toma es impresionante, el efecto que produce esas líneas que simulan ser ánimas helicoidales de fusil dentro de ese túnel es lo máximo.

Ignacio dijo...

:) Gracias Ishua runa! :) Es un lugar muy chulo y bastante fotogénico! ;-)

Saludos!!

Queseyo dijo...

Vaaaleeeee, vaaaaleeeee...

Que sí... que ya lo he apuntado para la próxima ida a Japón!!

Gracias "majete"... en tu sillón...!!!!

Ignacio dijo...

Muy bien, muy bien... Para la próxima que no falle ;-)