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lunes, agosto 11, 2008
martes, julio 15, 2008
Detalle de China en Yokohama. Chinatown
Ay, los farolillos, las luces, los olores. Atravesar uno de los múltiples portones de la inmensa Chinatown te hace cambiar de sitio, y eso que aquí el menda lerenda no ha estado en China (todavía) pero se respira un aire diferente. Lógicamente se saben como atracción turística tanto para los extranjeros como para los locales, pero el barrio chino está inundado de colores.
Los tenderos te llaman, te intentan parar por la calle, quieren que pruebes lo que tienen, ya sean castañas (si, como las de mi abuelo), o tés, o que sientas curiosidad por comerte un Nikuman. El Nikuman, es un peloten de pasta cereálica en cuyo interior se encuentra generalmente algo de cerdo cocido tiene a pesar de la simpleza de la receta diferentes colores (WTF!!), aunque la mayoría suelen ser blancos y por lo general se mantienen calentitos al vapor en unos barreños de madera. Estan muy ricos y llenan una barbaridad. :)
Pero no sólo de gastronomía vive el hombre (muy a mi pesar) ni esta, la Chinatown más grande de Asia (obviando lógicamente a China), si no que además se pueden encontrar multiples puestos de souvenires y las típicas tiendas "de Chinos" (o al menos asi se las conoce en Madrid) en las que te puedes encontrar todo tipo de cachibaches. Lo que se puede encontrar son una jartá de pandas. El osito nacional chino aparece por todas partes. De peluche mayoritariamente, eso sí, pero hay de todo. Desde calcetines, hasta bolis, hasta camisetas... Panda attack!
Otro de esos sitios que hay que patear, perderse en sus calles, curiosear entre las especias, intentar no comer mucho para poder probar de todo!!! :) jejeje!!!
Los tenderos te llaman, te intentan parar por la calle, quieren que pruebes lo que tienen, ya sean castañas (si, como las de mi abuelo), o tés, o que sientas curiosidad por comerte un Nikuman. El Nikuman, es un peloten de pasta cereálica en cuyo interior se encuentra generalmente algo de cerdo cocido tiene a pesar de la simpleza de la receta diferentes colores (WTF!!), aunque la mayoría suelen ser blancos y por lo general se mantienen calentitos al vapor en unos barreños de madera. Estan muy ricos y llenan una barbaridad. :)
Soy el niño que nació de un Nikuman! Adoradme!
Pero no sólo de gastronomía vive el hombre (muy a mi pesar) ni esta, la Chinatown más grande de Asia (obviando lógicamente a China), si no que además se pueden encontrar multiples puestos de souvenires y las típicas tiendas "de Chinos" (o al menos asi se las conoce en Madrid) en las que te puedes encontrar todo tipo de cachibaches. Lo que se puede encontrar son una jartá de pandas. El osito nacional chino aparece por todas partes. De peluche mayoritariamente, eso sí, pero hay de todo. Desde calcetines, hasta bolis, hasta camisetas... Panda attack!
Otro de esos sitios que hay que patear, perderse en sus calles, curiosear entre las especias, intentar no comer mucho para poder probar de todo!!! :) jejeje!!!
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Ignacio
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10:47 p. m.
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Tags: Yokohama
domingo, julio 13, 2008
jueves, julio 03, 2008
Listos para zarpar. El puerto internacional de Yokohama
Es un lugar extraño, pero de alguna manera encaja en la zona del puerto de Yokohama llena de edificios extravagantes mirando a la bahía. El puerto internacional de Yokohama, el Osanbashi Pier, obra de un arquitecto español, Alejandro Zaera, es toda una experiencia.
Parece que no haya una sola línea recta en él, pero aunque las hay (atentos a la vista desde el cielo) uno se deja atrapar por sus curvas a lo largo y ancho mientras sus 34 mil metros cuadrados se adentran en el mar.
Fue este, o al menos su versión antigua, el primer puerto de Yokohama, allá por el 1889. En 1987 comenzó su remodelación que hasta que se terminó en 2002. El resultado es un moderno puerto por el que pasan 53000 pasajeros al año (no me parece una cifra demasiado alta para un año, pero en términos de viajeros en barco deben ser bastantes). Pero además de viajeros, el lugar es tan agradable que hace las veces de parque al aire libre para ver atardecer y tener una vista privilegiada al sol tras Minato Mirai.
La verdad una gozada de lugar, abierto a todo el mundo. Yo que nunca he vivido en ciudad con mar, es algo que estoy disfrutando muchísimo. Y eso que las olas de la bahía son bastante tranquilitas, como si fuera una piscina, pero el contraste de los grandes e iluminados rascacielos, con los reflejos en la superficie del agua es para quedarse hipnotizado.
Así que aprovecharemos mientras las noches se disfrutan con una chaquetilla ligera en contra de los insoportables calores húmedos del día, para refrescarse con la brisa y el olor a sal marina. Y si es de noche, mucho mejor.
Parece que no haya una sola línea recta en él, pero aunque las hay (atentos a la vista desde el cielo) uno se deja atrapar por sus curvas a lo largo y ancho mientras sus 34 mil metros cuadrados se adentran en el mar.
Fue este, o al menos su versión antigua, el primer puerto de Yokohama, allá por el 1889. En 1987 comenzó su remodelación que hasta que se terminó en 2002. El resultado es un moderno puerto por el que pasan 53000 pasajeros al año (no me parece una cifra demasiado alta para un año, pero en términos de viajeros en barco deben ser bastantes). Pero además de viajeros, el lugar es tan agradable que hace las veces de parque al aire libre para ver atardecer y tener una vista privilegiada al sol tras Minato Mirai.
La verdad una gozada de lugar, abierto a todo el mundo. Yo que nunca he vivido en ciudad con mar, es algo que estoy disfrutando muchísimo. Y eso que las olas de la bahía son bastante tranquilitas, como si fuera una piscina, pero el contraste de los grandes e iluminados rascacielos, con los reflejos en la superficie del agua es para quedarse hipnotizado.
Así que aprovecharemos mientras las noches se disfrutan con una chaquetilla ligera en contra de los insoportables calores húmedos del día, para refrescarse con la brisa y el olor a sal marina. Y si es de noche, mucho mejor.
Más fotos llenas de curvas, en su galería.
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Ignacio
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9:37 p. m.
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Tags: Minato Mirai, Yokohama
sábado, junio 28, 2008
Entre la Niebla
Cada vez me parece más tétrica... Ya definitivamente, creo que sólo le falta el ojo ardiendo en su cima...
Landmark Tower, Yokohama
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Ignacio
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5:34 p. m.
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Tags: Fotografía, Minato Mirai, Yokohama
domingo, junio 22, 2008
Barbacoa... a la japonesa?
A pesar de las más que notables desavenencias que Kondo San y yo tenemos con respecto a lo que cada uno entendemos por un sitio digno donde vivir, la verdad es que es bastante atento y siempre está sonriendo y preocupado porque esté bien. Cosa que en la atmosféra de trabajo tan seria, fría y distante, se agradece bastante. Desde que llevo aquí ya me sacado un par de veces a cenar después del trabajo.
Su última idea, fue llevarme a cenar a un español (por qué? POR QUÉ?), con la idea de hacerme sentir como en casa. El Bodegón (Bodejón según lo pronuncian ellos). Andaba el hombre tan ilusionado que no quise comentar las desagradables experencias de las últimas veces que he osado profanar el nombre de comida española en el extranjero, así que dado que somos de tropezar más de una vez con la misma piedra, acepté. Quiso la suerte esta vez aliarse conmigo e hizo enfermar al dueño del Bodejón (nada grave, no os penséis) por lo que cuando quisimos llegar el local se hallaba cerrado. Kondo San, acompañado de Kato San y un tercer acompañante amigo de ambos y de cuyo nombre no puedo acordarme (juraría que era Tibe), tuvieron que idear un plan B.
No tardaron mucho en encontrar un lugar que habría de saciar nuestro hambriento apetito. Uno de esos lugares pequeños, pero lleno de autóctonos, donde no sabes que tipo de comida vas a encontrar hasta que entras. "Japanese Barbecue, Korean Style" me decía Kondo San. A saber que quiere decir eso.
Independientemente del origen del invento, nos sentamos en una pequeña mesa del curioso lugar (atentos a la decoración), donde nos pusieron un cubo de metal lleno de ascuas sobre las que resposaba una pequeña rejilla. Mis anfitriones se centraron en el menú y empezaron a pedir comida (cosa que yo seré incapaz de repetir), mientras me iban enseñando la parte del cuerpo del cerdo, la vaca o lo que fuera que ibamos a comer: que si este trozo de la espalda, que si este otro trozo del costado, que si tripas, lengua. Venga esa comida buena, quién dijo miedo. Nama Biru o kudasai. Que aliviemos la espera con cerveza.
Empezaron a llegar platos y más platos de la carne cruda y empezamos a barbacoar cada uno lo que estimó conveniente fuera o no para sí mismo y a untar cada uno en su respectiva salsa tal y como me era indicado para acto seguido dar buen cuenta de ello. No sé lo que comí, todo sea dicho, pero estaba buenísimo. La defensa podrá alegar la influencia del alcohol o del ambiente tan campechano pero no hice ascos a nada.
Por cierto, para terminar, no perderse la siguiente foto. Puede que os llame la atención un atleta negro en sus paredes.
Si. Efestivamente. Ben Johnson comió aquí. Lugar con solera.
Su última idea, fue llevarme a cenar a un español (por qué? POR QUÉ?), con la idea de hacerme sentir como en casa. El Bodegón (Bodejón según lo pronuncian ellos). Andaba el hombre tan ilusionado que no quise comentar las desagradables experencias de las últimas veces que he osado profanar el nombre de comida española en el extranjero, así que dado que somos de tropezar más de una vez con la misma piedra, acepté. Quiso la suerte esta vez aliarse conmigo e hizo enfermar al dueño del Bodejón (nada grave, no os penséis) por lo que cuando quisimos llegar el local se hallaba cerrado. Kondo San, acompañado de Kato San y un tercer acompañante amigo de ambos y de cuyo nombre no puedo acordarme (juraría que era Tibe), tuvieron que idear un plan B.
No tardaron mucho en encontrar un lugar que habría de saciar nuestro hambriento apetito. Uno de esos lugares pequeños, pero lleno de autóctonos, donde no sabes que tipo de comida vas a encontrar hasta que entras. "Japanese Barbecue, Korean Style" me decía Kondo San. A saber que quiere decir eso.
Independientemente del origen del invento, nos sentamos en una pequeña mesa del curioso lugar (atentos a la decoración), donde nos pusieron un cubo de metal lleno de ascuas sobre las que resposaba una pequeña rejilla. Mis anfitriones se centraron en el menú y empezaron a pedir comida (cosa que yo seré incapaz de repetir), mientras me iban enseñando la parte del cuerpo del cerdo, la vaca o lo que fuera que ibamos a comer: que si este trozo de la espalda, que si este otro trozo del costado, que si tripas, lengua. Venga esa comida buena, quién dijo miedo. Nama Biru o kudasai. Que aliviemos la espera con cerveza.
(Kondo San, el hombre)
Empezaron a llegar platos y más platos de la carne cruda y empezamos a barbacoar cada uno lo que estimó conveniente fuera o no para sí mismo y a untar cada uno en su respectiva salsa tal y como me era indicado para acto seguido dar buen cuenta de ello. No sé lo que comí, todo sea dicho, pero estaba buenísimo. La defensa podrá alegar la influencia del alcohol o del ambiente tan campechano pero no hice ascos a nada.
Por cierto, para terminar, no perderse la siguiente foto. Puede que os llame la atención un atleta negro en sus paredes.
Si. Efestivamente. Ben Johnson comió aquí. Lugar con solera.
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Ignacio
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10:02 p. m.
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Tags: Para comer, Yokohama
lunes, junio 16, 2008
Minato Mirai 21
Decidí tomarme el sábado pasado para mi e hiberné durante 12 horas, no recordaba tal record desde hace muchos muchos años, pero la fatiga se había apoderado de mí. Dí una vueltecilla por Yokohama y decidí arramplar con todo el equipo y aprovechar la hora mágica, la que se produce cuando se ha terminado el atardecer pero sigue habiendo claridad y las luces de los edificios empiezan a atardecer para retratar el Minato Mirai 21.
Minato Mirai 21, es una de las partes más emblemáticas de Yokohama y como tal ya salió retratado según llegue aquí. "El Puerto Futuro 21" como se podría traducir, es bastante nuevo, pues empezó a construirse en 1983 sobre tierra artificial robando espacio al mar. 700.000 metros cuadrados de nada. Si es que estos japos, se ponen a echar tierra y se le pasan las horas muertas. A día de hoy, todavía queda más de la mitad para futuros usos, pero la parte que han construido resalta, desde kilómetros y kilómetros de distancia.
Así que coged la chaquetilla que lo mismo refresca un poco y que disfrutéis de este anochecer virtual! :)
Minato Mirai 21, es una de las partes más emblemáticas de Yokohama y como tal ya salió retratado según llegue aquí. "El Puerto Futuro 21" como se podría traducir, es bastante nuevo, pues empezó a construirse en 1983 sobre tierra artificial robando espacio al mar. 700.000 metros cuadrados de nada. Si es que estos japos, se ponen a echar tierra y se le pasan las horas muertas. A día de hoy, todavía queda más de la mitad para futuros usos, pero la parte que han construido resalta, desde kilómetros y kilómetros de distancia.
Así que coged la chaquetilla que lo mismo refresca un poco y que disfrutéis de este anochecer virtual! :)
Alguna más que se habrá escapado, aquí.
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Ignacio
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10:45 p. m.
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Tags: Fotografía, Minato Mirai, Yokohama
sábado, junio 14, 2008
Aterrizando
Llevo ya cuatro días aquí y sigo aterrizando, como si todo hubiera sido un día muy largo. Especialmente el que llegué, con resaca de emociones de esas que te dejan el cuerpo y especialmente la mente agotados, comenzando en Londres y acabando en Tokio. Cuatro días después sigo descolocado, me resulta rarísimo la diferencia horaria y todo en general. Ni siquiera me doy cuenta de que estoy aquí, no sé como explicarlo.
Sí que me acordé especialmente de todos los seres traidores que se vengaron del video de despedida mandándome sendos mails, dejando comentarios en el blog o SMS con las mismas intenciones, pues que sepáis que no funcionaron. Bueno casi. No se hace eso cuando uno está sensible. Juego sucio. ;-) (Muchas gracias a todos los que me habéis deseado suerte, en serio, se agradece un montón. Ahora con tiempo os iré respondiendo a todas, guapas, por cierto, ya no me llegan los SMS, así que ni lo intentéis)
La llegada tras el aterrizaje fue bastante extraña. Tras llegar agarré un bus hasta Yokohama (algo más de una hora de trayecto). Yo pensaba llegar a las oficinas ya en Yokohama, que me llevaran al hotel y darme el Martes a sobrevivir intentando aguantar sin dormirme para minimizar los efectos del jet lag. Así que me presenté en las oficinas, con mis vaqueros, mi camiseta de Enjuto Mojamuto (gran regalo, gracias chicos), sin afeitar, sudao (por lo visto comienza la época húmeda pegajosa, porque ya sabéis que yo no sudo)... todo un poema. Me recogió Kondo San y en lugar de atenerse al plan previsto (o que yo había previsto) se dedicó a pasearme por la oficina presentándome, mientras yo luchaba por la legaña e intentaba mantener una compostura que no tenía. Lamentable comienzo.
Acto seguido me empezaron a llevarcasas apartamentos zulos junto con un tipo de una agencia. Dado que os estoy escribiendo desde el hotel ahora mismo, esto quiere decir que ni a Kondo San ni a mi nos gustaron los apartamentos y que vamos a ver más el lunes. De todas maneras parece seguro que sólo podre invitaros a venir a los amigos del Yoga y del Tetris. :D Seguiremos informando.
Mientras tanto, me hospedaron en el hotel Washington, en una habitación más o menos del mismo tamaño que losapartamentos zulos, muy cerquita del puerto de Yokohama, en Minato Mirai, y que me que queda a 10 minutitos andando desde el hotel. La zona es espectacular y desde las ventanas de hotel puedo ver como la ciudad desaparece por los horizontes.
Gobernada por la Landmark Tower, una torre de 300 metros de altura que parece salida de los libros de Ciencia Ficción (a ver si hago alguna foto de noche, que es totalmente galáctica). A su lado, tres torres (llamandas las Queen's Towers) la mayor de las cuales es el edificio con nuestras oficinas. En el hotel estoy en un piso 21 y en las oficinas en un 15, aunque podrá llegar a un 36). Las tres torres están conectadas por su planta baja (que es un centro comercial y donde está la parada de Metro de Minato Mirai), por su planta 6 y por su planta 15. Así que virtualmente te puedes perder por las plantas y no saber ni en que edificio estás. Si. Pasa. Y espero que no sólo a mi. Supongo que andarán ya acostumbrados a gaiyines (extranjeros) con los ojos como platos titubeantes cual cachorrillo sin su madre sin saber hacia donde dirigirse.
Haciendo tiempo mientras consumía las horas decidí acercarme a Tokio, en lo que es un trayecto de unos 30 minutos en tren, principalmente para encontrarme con Carmen (que me ha estado cuidando antes y durante y después de mi llegada) para cenar (atentos al video) antes de caer presa del sueño y porque tenía un mono increíble de plantarme en Shibuya y quedarme un rato allí sin hacer nada, entre el mar de gentes, los carteles luminosos, las pantallas, los coches, las motos, los metros, todo moviéndose, el bullicio en general del que puede ser uno de los puntos más emblemáticos de está ciudad. No puedo evitarlo. Me encanta.
Es indescriptible, pero creo que mi cara lo dice todo. Tras año y medio volvía a Tokio.
Sí que me acordé especialmente de todos los seres traidores que se vengaron del video de despedida mandándome sendos mails, dejando comentarios en el blog o SMS con las mismas intenciones, pues que sepáis que no funcionaron. Bueno casi. No se hace eso cuando uno está sensible. Juego sucio. ;-) (Muchas gracias a todos los que me habéis deseado suerte, en serio, se agradece un montón. Ahora con tiempo os iré respondiendo a todas, guapas, por cierto, ya no me llegan los SMS, así que ni lo intentéis)
La llegada tras el aterrizaje fue bastante extraña. Tras llegar agarré un bus hasta Yokohama (algo más de una hora de trayecto). Yo pensaba llegar a las oficinas ya en Yokohama, que me llevaran al hotel y darme el Martes a sobrevivir intentando aguantar sin dormirme para minimizar los efectos del jet lag. Así que me presenté en las oficinas, con mis vaqueros, mi camiseta de Enjuto Mojamuto (gran regalo, gracias chicos), sin afeitar, sudao (por lo visto comienza la época húmeda pegajosa, porque ya sabéis que yo no sudo)... todo un poema. Me recogió Kondo San y en lugar de atenerse al plan previsto (o que yo había previsto) se dedicó a pasearme por la oficina presentándome, mientras yo luchaba por la legaña e intentaba mantener una compostura que no tenía. Lamentable comienzo.
Acto seguido me empezaron a llevar
Mientras tanto, me hospedaron en el hotel Washington, en una habitación más o menos del mismo tamaño que los
Gobernada por la Landmark Tower, una torre de 300 metros de altura que parece salida de los libros de Ciencia Ficción (a ver si hago alguna foto de noche, que es totalmente galáctica). A su lado, tres torres (llamandas las Queen's Towers) la mayor de las cuales es el edificio con nuestras oficinas. En el hotel estoy en un piso 21 y en las oficinas en un 15, aunque podrá llegar a un 36). Las tres torres están conectadas por su planta baja (que es un centro comercial y donde está la parada de Metro de Minato Mirai), por su planta 6 y por su planta 15. Así que virtualmente te puedes perder por las plantas y no saber ni en que edificio estás. Si. Pasa. Y espero que no sólo a mi. Supongo que andarán ya acostumbrados a gaiyines (extranjeros) con los ojos como platos titubeantes cual cachorrillo sin su madre sin saber hacia donde dirigirse.
Haciendo tiempo mientras consumía las horas decidí acercarme a Tokio, en lo que es un trayecto de unos 30 minutos en tren, principalmente para encontrarme con Carmen (que me ha estado cuidando antes y durante y después de mi llegada) para cenar (atentos al video) antes de caer presa del sueño y porque tenía un mono increíble de plantarme en Shibuya y quedarme un rato allí sin hacer nada, entre el mar de gentes, los carteles luminosos, las pantallas, los coches, las motos, los metros, todo moviéndose, el bullicio en general del que puede ser uno de los puntos más emblemáticos de está ciudad. No puedo evitarlo. Me encanta.
Es indescriptible, pero creo que mi cara lo dice todo. Tras año y medio volvía a Tokio.
Posted by
Ignacio
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12:56 p. m.
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